En la historia de las plantas ornamentales hay pocos capítulos tan interesantes como la historia de los tulipanes.
Los tulipanes constituyen un género importante, con raíces históricas en plantas procedentes de Oriente Medio hasta el centro de Asia. La asociación de bulbicultura holandesa publica todos los años una lista oficial de las variedades hortícolas de tulipanes, desde el año 1915, contando en la actualidad con unas 4.000 variedadesdistintas, clasificadas en 15 secciones de los llamados tulipanes híbridos, así como 8 secciones de los llamados tulipanes botánicos.
Aunque entre los persas ya se conocía el cultivo del tulipán en 1.390 (cita del poeta Mafis), el primer contacto con la cultura occidental con esta bulbosa se produce cuando el embajador flamenco Ogier Ghislain de Busbeq describe en varias cartas una flor que los turcoa llaman “Tulipam”; los turcos al parecer, apreciaban mucho esta bulbosa y pagaban muy bien variedades poco conocidas. Busbeq logró enviar a Viena semillas y bulbos. Allí florecieron ante el botánico Charles L´Ecluse. A través de Venecia llegaron a la vez a Ausburgo otra expedición de bulbos, y florecen en 1.559 en el jardín del banquero Herwart. El botánico Courard Gesner se desplazó ex profeso a Ausburgo para ver su floración.
A partir de ese momento aparecen en Europa muchos bulbos de tulipán. La mayor parte de las variedades hortícolas o asilvestradas en países orientales.
En el curso de los años 1.600 y siguientes se produce en Holanda, primero, una brusca llegada de gran cantidad de semillas y bulbos procedentes de Oriente, y después, una gran producción de nuevas variedades en Holanda. Como consecuencia apareció un fenómeno económico muy curioso conocido como “Tulipanomanía”. La posesión de nuevas plantas de tulipán se convierte en un signo de distinción y los precios de los bulbos se disparan. No contentos con plantar nuevas variedades y de valor estético, a partir de 1.634-1.637 parece una curiosa manía especulativa: se invierte en semillas de nuevas variedades no ensayadas jugando a la buena calidad de los resultados y se compran plantaciones que aún no han florecido a precios desorbitados. Un bulbo puede pasar por muchas manos elevando su valor a cifras incomprensibles , incluso hoy en día. En 1.636 3 bulbos de la variedad “Semper Augustus” se compran en 30.000 florines de entonces. Un comprador, meses depués, adquiere uno de estos bulbos por el siguiente importe: 4.600 florines, y una calesa con 2 caballos de tiro equipados; un bulbo de la variedad “Admiral van Eukhuiszen” se adquiere por 11.500 florines, y por otra cebolla de la variedad “Viceroy” se pagan 2 pares de bueyes cebados, 3 cerdos grandes, 12 corderos, un tonel de vino, 4 de cerveza, 100kg de mantequilla, 1.000l de queso, 1 cama equipada, un cofre con varios trajes, un saco de plata valorado en 2.500 florines y otros varios enseres.
Esta fiebre especulativa alcanza otros países como Inglaterra. Las fortunas nacen y desaparecen con gran rapidez en un mercado tan sumamente especulativo. Entre 1.636 y 1.637 aparece un decreto gubernamental para romper esta espiral que dañaba seriamente la economía, así como múltiples suicidios de los no pocos arruinados. Gracias a tal Decreto los precios de los tulipanes decrecen quedándose en unos límites razonables, no así como la demanda, que sigue creciendo hasta en nuestros días y que crea la base de la horticultura holandesa y que en la actualidad destina unas 7.300ha. a su cultivo y exportando 2/ de la producción a más de 100 países.
En el resto de Europa la Tlipanomanía no llegó a los límites holandeses, pero su cultivo fue importante, especialmente en Inglaterra y en Francia. |